9.11.10

Mínima Presunta

Alrededor todo finamente clasificado por cliente y sus respectivos últimos pasos en el quehacer comercial. La ventana da a una pileta a pesar del maloliente río cercano. Si no es el teléfono alguna canción moderna funciona como banda sonora. En el fondo la inversa: los que se aman de chicos se pelean de grandes. En el medio, el transito. Acá, un batallón de Susanitas te clavan el puñal a diario mientras vos les respondes con tu Mafalda menos creíble.

2.11.10

Ensemble, s'il vous plaît

Estos días me hacen pensar en mañana ofrecerte el resto de mi vida.

27.10.10

Time may change me but i can´t trace time

Aburridísima de la vida que me toca. Los condimentos de los últimos tiempos no fueron precisamente favorables, por lo que queda descartado como variante de lo cotidiano todo suceso nefasto de los últimos meses. Hoy no puedo decidir nada, esta por demás aclarado, lo se concientemente, de hecho aun no se qué se debe modificar. Pero ni bien esto pase… lo que sigue. El tiempo que falta ayudará y espero tener aclarado por dónde empezar para ese entonces. Todo pasa muy rápido y si no me doy cuenta caigo en el río que sale al mar como tantos otros. Me empieza a picar todo el cuerpo cuando siento que fluyo, pero es lo mismo de siempre, inercia pura. Hoy caminaba y el aire me traía recuerdos de carpas y montañas, tal vez deba ser, buscar en otros lugares, o tomarme un respiro indefinido. No se bien qué es todavía, pero si no es premio de tanta angustia, habrá que salir a buscarlo.

21.10.10

Juana

Bajé la mirada. Ella abrazaba mis piernas. Miro pidiendo rescate mientras las cosquillas amenazaban con reaparecer. Agitada por el escape se rió y me dijo desde su miniatura Tía!
Se le escapo, se que fue así, no volvió a repetirlo. Ella siguió jugando toda la tarde. Yo continuaba escuchándolo y sonriendo como cuando uno imagina una escena que espera que suceda. El intentó arrancárselo de vuelta, para ella no fue tan importante, no lo creyó necesario. A mi, por el momento, con esa vez me bastó.

23.9.10

Rock springs

Primeras horas de lo que al fin parecía una primavera. El día invitaba a un paseo lento por Corrientes. Me zambullí en cada librería, camine a paso lento, llamé a una amiga y quedé en pasar más tarde por su casa. Recién salía del trabajo, todavía me quedaban unas cuantas horas de facultad, y sin embargo me sentía como si fuera un quince de enero y estuviese recorriendo placenteramente una ciudad desconocida. Pensé muchas cosas, hermosas todas y por cada pensamiento frenaba un impulso de compra. Tal vez fue una combinación del calor, la liviandad de la ropa, el helado que me comí como una niña o Babasónicos susurrándome al oído palabras de adolescencia. Una vez más caminé mirando techos y tanques de agua. Descendí en las profundidades de una ciudad encantada, una ciudad recuperando la magia por unas líneas de temperatura. Espere un coche, dos, tres, cuatro, no llegaba mi turno.
En el viaje anterior al que me correspondía entró la curiosidad. La gimnasia colectiva comenzó antes de que bajen quienes escapaban de semejante lata, solucionado el tema de la salida (sólo fueron unos pocos), comenzó el forzoso ingreso. Una pequeña mujer de unos cincuenta y tantos años. Un hueco libre a la altura de su pecho. Sin necesitar el envión de alguien más ansioso que ella por subir, fue tragada por la masa fungiforme de cuerpos. Primero entró la cabeza y como dice Dani, el padre de una amiga, “si pasa, pasa todo el cuerpo“. Después, en una milésima de segundo lo que restaba de su pequeño y frágil cuerpito fue absorbido por el mismo agujero. Y no supe mas nada de ella. Miré a ambos lados. Con una sonrisa de par en par y repleta de asombro miraba con un “¿la vieron?”. Desde ya que al resto le pareció absolutamente normal y esperó indignado a que el próximo subte venga decentemente vacío. Yo me reía mientras Babasónicos seguía de fondo, había recuperado la extrañeza y otra vez podía recorrer la ciudad como una pueblerina más.